Los años pueden contabilizarse de diversas maneras; pero una de las más prácticas es hacerlo de verano a verano. Lo que para pequeños y jóvenes (y los no tan jóvenes que estudian grados o masters) son los cursos académicos; y que suelen coincidir con las vacaciones de la mayoría. Tiempos que se pueden utilizar de muchas maneras, y que dan la oportunidad de hacer revisión de lo que ha sucedido durante los últimos 12 meses (aproximadamente).

Un memorándum que puede hacerse también el 31 de diciembre, con la diferencia de que en invierno, al cabo de pocos días volvemos a estar embarcados en la dinámica del trabajo. A veces curiosamente se da lo contrario; algunos concentran la mayor parte de su actividad durante semanas estivales: son como esas hormigas que llenan la despensa para poder así tener un cojín durante los próximos meses. Exigencias de sus estudios, vocación o de la oferta que reciben del mercado laboral en el que se mueven. Menos tiempo para el descanso y la reflexión, pero una marca también clara, de qué semanas o meses coparan su dedicación intensiva.

Sea como sea el calor no perdona a nadie, y la ciudad también se resiente mostrando un panorama más masificado de turistas ya bastante presentes todo el año; pero que se intensifica durante estos días.  Y una cierta placidez qie se percibe en barrios menos céntricos. Quitando unas pocas fechas de navidad, y si me apurais, una semana (santa, pero que también dura siete días), es el período más distinto del año para la mayoría.

Para los que se quedan, pero también para los que se van. Vacaciones que nos afectan; sea porque estamos esperando descubrir otra parte de nosotros que permanece oculta durante gran parte del curso (muchas veces, a la fuerza). Para reencontrarnos con gente con quienes no tenemos tantas posibilidades de vernos en el resto de fechas. Para pasar bastannntes ratos con la pareja, hijos; con toda o parte de la familia. Y si queréis también para prepararnos, para situarnos de nuevo. Para tener tiempo de saber en que momento estamos. De acuerdo con nuestra edad y nuestros planes; para saber con quienes compartimos lo más importante que tenemos: nuestro tiempo.

Tiempo para los que dejan su casa para descubrir la calma de un lugar más apartado, y/o para encontrarse consigo mismo  y/o con los suyos. Un soplo de aire fresco en medio del bochorno del verano.


fi de curs

A todos, simplemente, que disfruteis. De poder desconectar, para volver con las pilas cargadas. Que disfruteis de la familia y los amigos; y podáis sacar lo mejor por si luego vuestro tiempo en común escasea. Que os esforceis para conseguir el mejor provecho del trabajo que os ayuda a pasar los próximos meses. Que descubrais lo que estais esperando encontrar lejos, o sin moveros demasiado del territorio. Que os reunais con lo mejor de vosotros, y que a veces, en el fragor de la rutina olvidamos.

¡Buen verano a todos!